UN DESPROPÓSITO EN LOS OJOS DE NADIE...- I Concurso de microrrelatos "La cruz del Negro"
No hay nada como el tiempo para superar una tragedia. Lo que pasa, a veces, es que esa tragedia es tan amarga que te deja sin opciones y la vida se convierte en un infierno.
Porque sus sensaciones lo alejan tanto de sí mismo, de lo que había sido, del que día a día soñaba para convencerse de que no era una

La mañana se partió en dos a primera hora, cuando el viento comenzó a amontonar en el cielo nubes de plomo, espesas y negras. Se podía respirar el olor de la lluvia, aunque esos nubarrones solo eran un avance de presagios nada halagüeños. Solo quién conoce las señales y puede interpretarlas es capaz de cambiar los acontecimientos.
Un detalle imborrable sumergido en la nostalgia. Esa nostalgia de su piel, de sus brazos, con la que trata de recuperar unas palabras olvidadas y perdidas en un cementerio de libros y recuerdos oxidados. Y la melodía de una canción va modelando a ese esquivo y cruel enemigo que se esconde agazapado entre las cortinas.
Me pregunto sobre el amor que no puedes
encontrar.
...
Estudia cada rincón de su alcoba, tratando de imaginar una opción conveniente con la que contrarrestar la sin razón de esa espera ociosa y absurda.
Me pregunto cuántas historias
has tenido.
...
Sus manos viajaban de un lado a otro tratando de encontrar una solución. Ordenando cada hueco con disimulo, queriendo llenar ese vacío tan doloroso que había dejado su ausencia. Y se mira en el espejo, y se siente cobarde y rastrero por no haber sabido dar una excusa acertada que liberara momentáneamente el peso de los acontecimientos sobre su conciencia. Golpeó violentamente el cristal con el puño, y su rostro se cubrió de surcos sangrientos. Por un instante, regresó de nuevo a ese momento. Y percibió que los ojos de ella ya sabían lo que iba a pasar, y escuchó el eco de sus sollozos... Pero no fue suficiente para evitar esa hipnosis letal, ese estado de trance angustioso.
Y ahora solo necesita esperar para dar sentido a ese despropósito en sus ojos. Nadie.
Seudónimo : Raymond Black
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