ONE MORE DAY IN PARADISE - I Concurso de microrrelatos "La cruz del Negro"
El día había amanecido lluvioso. Tenía que cruzar el Golden Gate desde Sausalito para llegar al puerto de Okland a las 9:00 am. Mi cliente sospechaba que la valiosa pieza de arte que le habían robado hacía ya 20 años, llegaría hoy al puerto de Oakland camuflada en el “Song Dynasty”, un barco de carga procedente de China.

¡Pam! ¡pam! Sonaron dos disparos y eso fue todo. La llamada telefónica que había recibido se cortó bruscamente. Parecía que al otro lado de la línea se acababa de cometer un asesinato.
Mientras cruzaba el Bay Bridge, las preguntas se agolpaban en mi cabeza atormentándome. ¿Quién me había llamado a esas horas?, ¿quién podría haber disparado a ese hombre y por qué?, ¿estaba mi vida en peligro?, ¿a dónde no quería que fuese?.
Al llegar al puerto de descarga de Oakland, el “Song Dynasty” ya había atracado. Los estibadores estaban descargando los contenedores. Junto al barco había varios Lincoln negros aparcados. Un grupo de orientales fornidos discutían en mandarín. Me sorprendió que estuvieran justo allí, esperando un cargamento.
Para que no me vieran, escondí el auto detrás de unos contenedores. Luego, caminé sigilosamente hacia donde ellos se encontraban.
Según me iba acercando descubrí a Bojin, el jefe de una de las organizaciones criminales chinas más temidas en EEUU, los “Baai Lo” y uno de los hombres más buscado por el FBI .
Bojin, se disponía a subir a la cubierta del barco, donde le esperaba el capitán. Me pregunté si el jefe de los “Baai Lo” tenía algo que ver con el retorno de la obra robada.
De pronto, me golpearon en la cabeza con algún objeto contundente y caí desplomado. Todo giró a mi alrededor. El dolor me impedía pensar. ¿Qué había pasado?, ¿cómo era posible que me hubieran descubierto?, ¿quién me había golpeado?, ¿sería éste mi final después de haber estado tantos años sorteando la muerte? Aturdido por el golpe, pensé que aquella era una forma mediocre de morir para un detective que había solucionado casos que ni el FBI había sido capaz de resolver.
De repente, el sonido del despertador golpeó mi cerebro. Abrí los ojos. Me encontraba tumbado en el suelo, a los pies de la cama. Aparentemente me había caído y, al hacerlo, me había golpeado la cabeza con la mesilla de noche. Sudaba como si hubiera corrido una maratón, pero estaba en mi casa. Todo había sido una pesadilla.
Pero, ¿cómo podía ser que tuviera las muñecas y los pies atados?
Hacia un día soleado en la Bahía de San Francisco. “One more day in Paradise”. A veces, el ser detective privado te puede jugar estas malas pasadas.
SEUDÓNIMO: ACUARIO
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