Estertores en el ocaso - I Concurso de microrrelatos "La cruz del Negro"
La adolescente semidesnuda, tumbada sobre la arena enrojecida, se apretaba con fuerzas la garganta cercenada, tratando de detener el río que brotaba espeso y caliente. La noche caía sobre la playa abandonada y las sombras hacían aun más tétrico su final.

Escuchó un auto, pasos acercándose. “Estoy salvada”, pensó. Sin embargo su esperanza se esfumó cuando escuchó sus voces nuevamente. “Te dije que teníamos que volver para revisar”, susurró con voz temblorosa el primero en llegar. “No sé como aun se mantiene con vida”, se preguntó el otro tumbándose frente a ella.
Los asesinos tomaron cada uno un brazo de ella y lo apartaron lejos de su cuerpo. De la herida brotó la sangre empapando los rostros de sus verdugos. Ella nunca imaginó que podían existir asesinos de su edad. Sus ojos se fijaron en los suyos hasta que el brillo desapareció y entonces dejaron de sujetarle los brazos.
“Podrían haber sido unas novias estupendas”, dijo el más afectado mientras se lavaba la cara con agua de mar. “Así es, pero nosotros nunca podríamos ser buenos novios para ellas”
Seudónimo: Carnicero.
Comentarios
Publicar un comentario