EL CARACOL - I Concurso de microrrelatos "La cruz del Negro"
Tu espiral, como icnitas, sobre milenarias arcillas, ha quedado grabada en los umbrales de la historia. Ahora estás en la profundidad del oído o en la intimidad de los relojes, en la geometría de Pascal, abandonado en las playas o vagando en el mar, en el apretado formato de una escalera, como expresión de asombro o en alguna canción andaluza.

Pero no es a estos caracoles a los que quiero referirme, sino a ese pequeño, doméstico, ese habitante del jardín o los pasillos. Delicia culinaria para algunos —entre quienes no me encuentro—. Ese, es el que me convoca y me invita a reflexionar.
Tu figura y el andar me proponen una imagen metafórica de nuestra vida.
Al desplazarte dejas tras de ti una estela brillante y pegoteada, testigo de tu paso. Esa baba efímera, rápidamente cubierta por el polvo de otros pasos, tiene mucho de la pequeña sobrevida de nuestro caminar. Tus dos pequeñas antenas están atentas a cuanto ocurre alrededor. La ventosa que le da base a tu cuerpo, se adhiere y te desplaza. Así nosotros nos aferramos a la vida o al suelo que caminamos. Cuando un peligro acecha, te encierras en tu caparazón. Así buscamos nuestro hogar, cuando algo nos amenaza o queremos aislarnos. Tu casita calcárea es la morada itinerante que te aloja, como lo hacen las maletas, al transportar pedacitos de nuestra vida.
Ese pequeño punto de tu cáscara, del que parten los surcos sucesivos que conforman tu concha, me remite al comienzo de nuestros días. Desde allí parten las volutas que conforman tu rígido y a la vez frágil contorno. Así nuestro destino despliega y expande las curvas, que serán el devenir de nuestra estada en este punto del universo.
También nosotros caminaremos dejando una estela a nuestro paso. Miraremos advertidos a nuestro alrededor, atentos a cualquiera señal. Y si algo nosamenaza, nuestra casa será el refugio.
Como ves, nos parecemos bastante.
También en nosotros irá creciendo la espiral de los años, mientras caminamos aferrados a la existencia. Al igual que las caprichosas vueltas de tu caparazón, cada uno de nosotros fue concebido al principio de los tiempos.
En tus impredecibles curvas fractales, veo el círculo geométrico de nuestro destino.
Seudónimo: Doval
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