DATIO IN SOLUTUM - I Concurso de microrrelatos "La cruz del Negro"
DATIO IN SOLUTUM
Mi situación no tenía solución. Letrado de profesión, no encontraba salvación: no defendía ni a un ladrón. Hasta que surgió la ocasión. Fue un “yonki” y su adicción que me puso en relación con un mafioso matón.

La mafia, en oposición a Ramón, tenía su razón porque sabía que era un soplón, y la incitación a la prevaricación del fiscal anticorrupción tenía la intención de evitar su liberación. Empleé mi seducción para su absolución pero desistí y propicié su indefensión al observar en los capos rostros de consternación y ojos que presagiaban mi fulminación. Ante aquella jurisdicción, Ramón respondía de malversación e incitación a la drogadicción, algo que consideré una aberración pero… ¡Chitón! Esa era la condición para evitar mi definitiva “jubilación”, y presté mucha “ilusión” a los “toques de atención”.
Al final, Ramón entregó el saxofón y su piso en dación para conseguir su salvación y obtener la protección. La verdadera y oculta resolución fue de condenación por orden de prelación: soplón, apropiación y conspiración; aunque sin constatación por ser testigo Ramón contra la mafia y su organización. Para disfrazar la función y desechar su dilación se acordó que el fallo tuviera como legal justificación la acción de superación de 60 decibelios en medición de sonido del saxofón.
La mafia esperaría su ocasión para la “liquidación” de Ramón. A mí me ofrecieron como disuasión un millón. Accedí y no sentí compasión.
Ramón para mí fue un filón, y lo sería para cualquier abogado con vocación.
Pseudonimo: Somoza
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