CRUDA REALIDAD - I Concurso de Microrrelatos "La cruz del negro"
CRUDA REALIDAD (Pseudónimo: Chirigotero)
¡Eh vosotros!, ¿qué hacéis ahí? Así terminó esta historia. Era un frío mes de noviembre, de noche inhóspita y luna menguante.

Una vez comprobada la ausencia de vida en el edificio, llegó el momento de repetir su plan de cada noche. Ambos vigilantes acordaron verse a la 1:00 AM frente al despacho del tesorero mayor, Álvaro Portón. El aro de llaves tintineó mientras un rayo de luz de luna procedente de una ventana cercana proporcionaba la visibilidad necesaria para escoger la que les daba acceso. Una vez dentro, el alemán se abalanzó a retirar de la pared la Naturaleza muerta de “El Labrador” mientras musitaba entre dientes, ¡algún día serás mío!El lienzo ocultaba su más preciado tesoro, la caja fuerte. Cuatro…uno…siete…tres…seis…y…ocho, ¡clack!, la puerta se abrió. Conocían la clave como el “cuatro angelitos tiene mi cama”, oración que rezaban a menudo para contrarrestar el mal sabor de boca que les dejaba ir contra la ley.Su ambición no conocía límites. Llenaron su saco como tantas otras veces con cientos de miles de euros que olían a humanidad, esfuerzo, sudor, trabajo, dignidad…alma.El dinero es poder y su situación cada vez era más buena. Como si de un programa aeropagítico se tratase ascendieron de ángel custodio a dios todopoderoso. Repitieron sus hazañas hasta que un buen día, fueron descubiertos. Sus corazones latían a duelo y sus manos temblaban al son. El cuadro acabó siendo de su propiedad, y a su vez, espejo de sí mismo. Años de bodegones pasaron a convertirse en naturalezas muertas.
La policía investigó el caso hasta donde pudo, la toma de tierra de estos señores era demasiado potente. Destaparon nombres, comisiones, sobres, chantajes...una parcela de gobierno que pronto pasó a llamarse B. Casi de forma alienígena los lazos de poder se materializaban en Zippos quema papeles y Troyanos borra archivos.Los medios mostraban como el dedo amenazador de Var Cenat saltaba de su mano cual resorte para intentar frenar el avance del enemigo. Inexplicablemente, la mierda que les rodeaba era expulsada en todas direcciones hacia otros profesionales de la autoridad, llegando incluso a configurar una imagen de normalidad del sector. El dinero era del pueblo y tuvo la opción de luchar por él, sin embargo, agotado, tan sólo ahogó su llanto en una pregunta, ¡Eh vosotros!, ¿qué hacéis ahí?.
(Pseudónimo: Chirigotero)
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