Convenio regulador - I Concurso de microrrelatos "La cruz del Negro"
Convenio regulador
El cadáver del mediador familiar apareció sobre el felpudo, con una nota arrugada en la mano izquierda. A ella no le hizo falta
leerla. Ordenó que se deshicieran del cuerpo y redobló la apuesta. No estaba dispuesta a ceder. Quería el divorcio. Y quería un acuerdo justo.
Durante la siguiente semana, su felpudo albergó los cadáveres de un sacerdote, dos sicarios, un niño recadero, un psicólogo, un abogado mafioso y un hipnotizador. Decidió, que para poder conseguir su objetivo, cedería en parte a sus pretensiones. Exigía hablar cara a cara. Pues vale, ella daría el primer paso.
Él le abrió la puerta personalmente y la abrazó ávido, sin dejarla hablar. Ella le clavó el estilete. Sin quitarse los guantes ni las gafas oscuras, recuperó su colección de novelas negras y satisfecha, condujo de regreso a casa fumando sin parar.
Seudónimo: Lucía Anderson
El cadáver del mediador familiar apareció sobre el felpudo, con una nota arrugada en la mano izquierda. A ella no le hizo falta

Durante la siguiente semana, su felpudo albergó los cadáveres de un sacerdote, dos sicarios, un niño recadero, un psicólogo, un abogado mafioso y un hipnotizador. Decidió, que para poder conseguir su objetivo, cedería en parte a sus pretensiones. Exigía hablar cara a cara. Pues vale, ella daría el primer paso.
Él le abrió la puerta personalmente y la abrazó ávido, sin dejarla hablar. Ella le clavó el estilete. Sin quitarse los guantes ni las gafas oscuras, recuperó su colección de novelas negras y satisfecha, condujo de regreso a casa fumando sin parar.
Seudónimo: Lucía Anderson
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